Lean IN Argentina

Propuestas de salud robustas e inclusivas facilitan liderazgos efectivos

En el ámbito organizacional actual se repite una inquietud que versa, más menos, así: “¿Acaso tenemos que ir todos al psicólogo para poder trabajar?” Esta pregunta, tan directa como provocadora, refleja una inquietud creciente en el mundo corporativo.

En tiempos de alta exigencia, incertidumbre y cambios vertiginosos, la salud mental y el bienestar de los equipos han dejado de ser temas secundarios para convertirse en factores estratégicos de éxito y sostenibilidad; determinantes de calidad de marca empleadora e indicador reputacional. Y aunque la provocación conlleva una negación obvia, también refiere a la necesidad, por parte de las organizaciones y sus personas líderes, de adoptar propuestas de salud mental robustas e inclusivas que prevengan los problemas que disparan el número de casos de burn out y licencias médicas y potencien la energía y el rendimiento colectivo.

La pandemia del sufrimiento psíquico.

Según la OMS, los problemas de salud mental serán la principal causa de discapacidad en el mundo para el año 2030, – osea, pasado mañana- y ya tenemos señales de ello.

El burn out no es agotamiento, no es sentir presión y seguir desempeñándose en una función. Es no poder seguir trabajando porque no hay recurso psíquico. Esa situación, sumamente límite, es cada vez más frecuente. Ya no son casos aislados o que se dan en períodos determinados -como fue la pandemia de COVID-, sino que aparecen en la consulta clínica, en los departamentos de Capital Humano y en las conversaciones de café.

¿Cómo contribuir desde el lugar de liderazgo?

El liderazgo consciente y responsable es motor y artífice de bienestar. El ejercicio de un liderazgo efectivo comienza con el autoconocimiento y el autocuidado. Un líder que comprende sus emociones, reconoce sus límites y practica hábitos saludables —como por ejemplo la actividad física, la meditación y el descanso— no solo mejora su propio bienestar, sino que también se convierte en modelo para su equipo. Este enfoque implica necesariamente una mirada inclusiva, considerando las distintas realidades de cultura, género, edad y contexto personal que caracterizan a nuestra sociedad.

Por supuesto que no hay que ser profesional de la salud para operar en este sentido. Existen múltiples estrategias útiles para promover espacios de trabajo sanos. Dejamos aquí algunas de ellas:

– Fomentar la autonomía y la delegación equitativa: Distribuir responsabilidades de manera justa y orientada por capacidades y habilidades impulsa la creatividad y reduce la sobrecarga, evitando sesgos y discriminaciones.

– Crear espacios de comunicación abierta y segura: Mantener mini reuniones periódicas y brindar retroalimentación constructiva fortalecen la cohesión y previenen el desgaste emocional, favoreciendo que todas las voces sean escuchadas.

– Facilitar el equilibrio entre la vida personal, familiar y laboral: Favorecer la flexibilidad horaria y establecer políticas de desconexión digital contribuyen a un mejor rendimiento y satisfacción, especialmente para quienes tienen responsabilidades de cuidado.

-Proveer recursos específicos de cuidado de la salud mental: Facilitar el acceso a atención psicológica, formación en autocuidado y espacios para actividades saludables son esenciales para el bienestar integral.

El estigma del padecimiento mental y la negación del problema

La resistencia cultural, la falta de recursos y la subestimación del impacto del padecimiento psíquico suelen anteceder las consecuencias de desentenderse de esta problemática.

Sin embargo, los datos estadísticos que surgen de años de prácticas de modelos de trabajo flexibles en horarios, el entendimiento de las ventajas que conlleva el fomento de lugares de trabajo inclusivos y diversos y la integración de tecnologías de salud, abren nuevas oportunidades para evitar que el número de personas económicamente activas incapacitadas para trabajar por motivos de padecimientos psíquicos crezca de la manera pronosticada.

Adoptar estrategias de prevención y atención temprana de estas problemáticas no es una alternativa, sino una exigencia ineludible en el competitivo y dinámico entorno laboral actual.

Por Verónica M. Morales. Lic. en Psicología. Fundadora de Gent Consultora en Desarrollo, Diversidad & Bienestar. Linkedin: veronicamariamorales

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