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¿Cómo transformar el Síndrome del Impostor en tu aliado?

Por Ale Marcote, autora de “Cómo transformar el Síndrome del Impostor en tu aliado: Cómo conectar con nuestro poder personal cuando la (auto)exigencia, el perfeccionismo, la comparación y el miedo a fracasar nos hacen sentir un fraude.”

 

  •  No puedo aceptar ¡Debería prepararme más!
  • “¿Qué estoy haciendo yo acá? Seguro que, en algún momento, se dan cuenta de que no era a mí a quien tenían que llamar para este trabajo”.
  • ¿Cómo voy a cobrar por esto que con un poquito de ganas lo hace cualquiera?
  • “Me saqué un 10 en el examen ¡estaba segura de que iba a ser un desastre!”. 
  • “Seguro me felicitó porque es amable”.

¿Cuántas veces pasaron por tu mente frases similares a estás?

¿Cuántas veces dudaste de tu capacidad, aún cuándo quienes te rodeaban estaban seguros de que eras la persona indicada?

¿Cuántas veces creíste que los estabas engañando y era solo cuestión de tiempo qué se dieran cuenta que todo era una farsa?

La sensación de ser un fraude y la íntima certeza de qué lo que hemos conseguido no ha sido por nuestra capacidad o nuestro esfuerzo, sino gracias a factores externos cómo pueden ser la suerte, las coincidencias, o los contactos que tenemos, se conoce cómo Síndrome o fenómeno del Impostor (o impostora). Y es justamente por eso que no logramos aceptar los elogios que recibimos, y creemos que es solo porque las personas intentan ser amables. No es por falsa modestia, es porque sencillamente no creemos merecerlos.

¿Cuántas veces nos sobrexigimos, procrastinamos o incluso abandonamos la posibilidad de tomar un nuevo desafío ante la sola idea de fallar? Este síndrome nos lleva a convivir con un miedo constante a equivocarnos o fracasar, ya que si eso sucediera finalmente “confirmaría” lo que ya intuíamos: qué somos un fraude y no tenemos derecho a estar allí.

Para dejar de sentirnos impostoras necesitamos dejar de pensar como impostoras.

No es nuestro bajo rendimiento lo que nos lleva a sentirnos de esta forma (de hecho, este fenómeno lo suelen experimentar mayormente quienes tienden a tener una gran autoexigencia y performance), sino las expectativas exageradamente altas qué tenemos acerca de nosotras mismas: “Debería saberlo todo”, “Debería hacerlo todo perfecto”, “Debería salirme fácil, sin esfuerzo”, “Debería hacer siempre algo innovador”, etc. Al ser expectativas utópicas, muy difícilmente podríamos alcanzarlas, y cualquier cosa que hagamos, por más extraordinaria que sea, nos va a dejar un sabor amargo, por lo que la frustración, la insatisfacción y la decepción de nosotras mismas es lo único que tenemos asegurado.

Claro que en esta sensación de “no estar a la altura”, también influyen las comparaciones que hacemos con otras personas, en las que siempre salimos perdiendo ¡porque sobrevaloramos las capacidades y los logros de los demás mientras que infravaloramos los nuestros! Además, (muy influenciados por los medios y las redes sociales) solemos compararnos con la versión “exitosa” y pública, mientras que poco sabemos de las dificultades, las luchas internas y caídas que han debido atravesar. 

Al menos 7 de cada 10 personas en algún momento de su vida se vieron afectadas por el Síndrome del Impostor, pero éste puede ser particularmente limitante para las mujeres, ya que estamos atravesadas por ciertos factores culturales que lo potencian, como, por ejemplo:

– la histórica valoración de la modestia y la perfección como atributos “femeninos”: lo cual nos lleva no solo a no perdonarnos no “ser perfectas” en nuestros distintos roles, sino que nos dificulta conectar con nuestras capacidades y logros, al punto que nos da vergüenza contarlos.

-la falta de expectativas sociales acerca de que ocupemos determinados espacios de trabajo, históricamente ocupados por varones: por lo que cuando llegamos a ellos, no solo internamente sentimos que no estamos a la altura, sino que externamente podemos ser medidas por una “doble vara”.

-el estereotipo de ser “emocionales” pero no tener “capacidad intelectual”: ¿Quién no escucho la pregunta “cómo es que llegó ahí” aún estando mucho más capacitadas que las personas que están allí?

Al realizar la investigación para mi libro, pude observar lo mucho que este fenómeno puede ser potenciado por los ámbitos en los que nos movemos (familia, equipo, organizaciones, universidades, etc.). Trabajar sobre los contextos, es fundamental.

        

¿Por dónde empezar?

 

¿Qué estrategias podemos desarrollar para minimizar los efectos de este síndrome, y así evitar que nos lleve a perder oportunidades valiosas o nos detenga cuando algo no sale como esperábamos?

 

  1.           Compartí tu sensación de ser una impostora con personas en las que confíes.

Rápidamente te vas a dar cuenta de que no sos la única. Cuando el síndrome del impostor nos ataca de lleno con sus dudas, es más fácil enfrentarlo si hablamos con alguien más que comprenda de qué se trata y nos ayude a ver que nuestros miedos quizás no tengan mucho sustento.

  1.           Chequea con que vara te medís.

Cuando pensás “no soy lo suficientemente…”: ¿Cuáles son las expectativas? ¿Con qué o quién te estás comparando?

  1.           Confecciona una lista de tus fortalezas y logros.

Preguntale también a otras personas. Probablemente te sorprendas de todo lo que encuentres allí que no identificabas o recordabas.

  1.           Empujate a actuar antes de que esté perfecto ¡porque en tu mente, quizás nunca lo esté!

Podes (por ejemplo) ponerte una fecha límite para animarte a hacer o mostrar algo, y que eso se convierta en fuente de aprendizaje. ¡Mejor hecho que perfecto!

  1.           Resignifica tus errores y “fracasos” como oportunidad de aprendizaje para desarrollar una mentalidad de aprendiz constante. ¡Un error o que un proyecto haya fallado no significa que seas un fracaso! (Podés escuchar mi podcast Aprender Del Error® para Transformarnos para profundizar).
  2.           No subestimes tus logros ni el rol determinante que tu mérito seguro ha tenido a la hora de alcanzarlos.

Si te felicitan por algo que hiciste, no le restes valor (“no fue tan complicado”, “era sencillo”). Ejercita el decir conscientemente “gracias”, aceptándolo.

  1.           Mentoreá a personas con menos experiencia.

¡Tal vez te sorprendas de lo valioso de tu recorrido y lo mucho que puede sumar tu aporte a la vida de otras personas!

 

*Alejandra Marcote es Coach y Speaker especializada en el aprendizaje de errores y fracasos. Autora del libro “Cómo transformar el Síndrome del Impostor en tu aliado”. Directora de Aprender Del Error®, desarrolló un concepto integral de abordaje de los errores y fracasos para la transformación cultural de equipos y organizaciones, y para la resignificación de las experiencias personales fallidas.

Es Magister en Coaching y Cambio Organizacional, Diplomada en Comunicación Digital, y, entre otros, posee estudios y certificaciones en PNL, Eneagrama y Agilidad. También es Contadora Pública.

Libro:

Cómo transformar el Síndrome del Impostor en tu aliado, Cómo conectar con nuestro poder personal cuando la (auto)exigencia, el perfeccionismo, la comparación y el miedo a fracasar nos hacen sentir un fraude. Autora: Ale Marcote – Editorial: Hojas del Sur (2021)

Link: https://alemarcote.com/libro-como-transformar-el-sindrome-del-impostor-en-tu-aliado-ale-marcote

                                                         

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